¿Te has preguntado alguna vez cómo tener más paciencia?

 

A menudo, muchos (creo que todos) papás y mamás se encuentran rogando en murmullos por más paciencia.

¿Te pasa o te ha pasado a ti?

¡A mí sí! Y es que la paciencia es la base fundamental para poder aplicar herramientas respetuosas.

Así que voy a compartir contigo lo que a mi me ha ayudado a multiplicarla considerablemente (¡muy considerablemente!). Porque la paciencia se cultiva, que no hace falta nacer con ella ya de serie y en casa, con los niños, tenemos un gimnasio estupendo para fortalecerla 😉

 Claves para aumentar la paciencia:

  • No te tomes como algo personal el comportamiento de tus hijos (o alumnos), porque no es algo personal. Mira ese comportamiento desde el punto de vista más objetivo que puedas.

 

  • Mira los malos comportamientos como retos, en vez de como problemas. Puede que te parezca que es un simple cambio de palabra para llamar a la misma cosa, pero no lo es; los retos tienen una connotación diferente, de superación, de positividad, de ¡vamos a superarlo!; y esa es la sensación que queremos conseguir: entender los malos comportamientos como retos y aprovecharlos para enseñarles habilidades (como resolución de conflictos, negociación, enfoque en soluciones, empatía, inteligencia emocional…)

 

  • No pretendas que todo se resuelva YA, que la educación es una cuestión de entrenamiento en habilidades, y eso lleva su tiempo. No ocurre de la noche a la mañana, y como pasa en el deporte para lograr la meta que buscamos se ha de practicar, practicar y practicar.

 

  • Piensa que no es necesario abarcarlo todo, ni mejorarlo todo, ni afrontarlo todo de una vez. Si hay varias situaciones/comportamientos que necesitan mejorar, ve una a una. Todo a la vez puede ser demasiado para ti y para los niños.

 

  • Deja que también se equivoquen y aprendan de sus errores(cuando eso sea posible), porque a veces nos desgastamos interviniendo demasiado y evitando que aprendan por sí mismos en situaciones que en realidad no necesitan que estemos de por medio. Esto aliviará tensión.

 

  • Tómate un respiro cuando sientas que estás a punto de explotar. Métete en el baño y respira hondo, o vete a tu habitación y haz algo que te ayude a volver a tu centro, o sal a dar un paseo si es posible al aire libre. Como mínimo usa la respiración y da algunos saltos o muévete de alguna forma como bailando (nuestra querida amígdala, causante de las pérdidas de control, suele volver con mayor rapidez a su estado de calma si nos movemos) A mi me ayuda mucho cantar (y nada de canciones lánguidas, mejor canciones en plan ¡Sobreviviré! ;), que descargan adrenalina por un tubo  Puedes decirles a los niños que en ese momento no te sientes bien, que necesitas recuperarte un poco para poder hacer las cosas con tranquilidad.

 

  • Sé consciente del papel de las neuronas espejo (sí, esas de las que seguro ya has oído hablar más veces, esas que son las causantes de que se nos “peguen” las emociones de los demás) y cuando veas que los niños están muy enfadados o irritables, comprende que lo más habitual es que esas emociones se contagien; pero que ahora que sabes esto es mucho más fácil que puedas evitarlo.

 

  • Entiende que los niños son eso: niños. Que necesitan hacer ruido, moverse mucho y liarlas pardas de vez en cuando. Se ensucian, se caen cosas…; y a veces esperamos más de lo debido de un niño. Es importante revisar si nuestras expectativas son realistas.

 

  • Cuida de ti, porque si estás al límite de tus fuerzas todos los días lo más probable es que tu paciencia se escape por la puerta. A la paciencia le gusta habitar en mentes y cuerpos descansados.

 

  • Ten paciencia contigo, que los niños son niños y los adultos somos adultos. O sea, que también hay que comprendernos porque a veces llevamos una vida de locos corriendo de un lado para otro y estresaditos perdidos. Así que date una palmadita de ánimo y no seas tan dura contigo misma. Y eso sí, si te es posible revisa esa vida de locos y haz lo posible por volverla un poco más cuerda. Afloja el ritmo.

Así y todo, no siempre sale, pero como todo “músculo”, se va fortaleciendo con la práctica y el entrenamiento, así que… ¡adelante! Y cuando no os salga como queríais simplemente ¡volved a intentarlo!

Y si quieres saber cómo ayudar a los niños a tener más paciencia puedes leer este otro artículo.

 

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Y si quieres trabajar conmigo de la mano en esto de multiplicar la paciencia, adentrándonos en las causas profundas échale un vistazo a mi programa MULTIPLICA TU PACIENCIA.

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