El lenguaje es sumamente importante y ya hemos hablado en otros artículos de cómo comunicarnos mejor con los niños. Podéis verlos aquí, aquí, aquí y aquí.

Pero en este caso no quiero hablarte de cómo nos dirigimos a ellos, quiero hablarte de cómo nos hablamos de ellos a nosotros mismos.

Es un poco trabalenguas, sí, lo sé, pero voy a explicártelo muy claramente.

Nuestra mente utiliza muy a menudo las metáforas para tratar de entender una situación, y las usamos  muchísimo. Seguro que te suenan expresiones del tipo:

«Está hundido en la miseria»

«Está ahogado en deudas»

«Estoy feliz como una perdiz»

«Dejó pasar su tren» (hablando de una oportunidad)

«Se levantó un muro entre nosotros»

 

Esto son esas metáforas que usa la mente para darle ese sentido más profundo a un concepto, a una situación, a una persona… Porque así casi podemos sentirlo ¿verdad?

 

Así que son verdaderamente útiles. Pero también son terriblemente limitantes si no las usamos de la forma adecuada ni somos conscientes de las que estamos escogiendo.

Y es que nuestras emociones y pensamientos pueden estar intensificándose a consecuencia del uso de esa metáfora, como forma de respuesta a ese estímulo.

 

Piensa

¿Qué situación con tu hijo/a está siendo complicada? Identifica las metáforas que estás usando.

Te doy algunos ejemplos:

«Mi relación con mi hijo adolescente es como un enorme muro de piedra. No puedo atravesarlo.»

«Es igual que una mula»

«Mis hijos son terremotos»

«La maternidad es como una montaña rusa. Ahora arriba. Ahora abajo»

 

¿Cómo es el carácter de tu hijo? ¿Cómo es vuestra relación?

Identifica todas las metáforas que estás usando mentalmente para describirte a ti mism@ la situación.

¿Te ayudan? ¿Te capacitan? ¿O te inmovilizan y te frustran?

¿A qué sentimiento te están invitando?

 

Porque si la relación con tu hijo es como un muro al que no puedes acceder es posible que tus sentimientos de base sean la frustración, el agotamiento, la tristeza…

Y sí, sé que me dirás que es así como lo sientes, que es así como realmente es. Pero

 

la realidad es siempre relativa y el enfoque que le des puede hacer cambios increíbles.

 

Y sino simplemente piensa en una o dos personas que suelan tener un enfoque o forma de ver las cosas muy distinto a ti. Ante una misma situación o realidad la interpretación es muy diferente, así como también la reacción a la misma (derivada de esas distintas formas de verlo). Entonces uno se da cuenta de la relatividad de lo que ocurre.

Cambiemos por tanto la forma de interpretarlo. Eso sí, no se trata de engañarnos y pasar de pensar que nuestra relación es un muro, a pensar que nuestra relación roza la perfección. Pero sí podemos simplemente ver las cosas desde otro prisma.

Siguiendo con el mismo ejemplo:

«Nuestra relación es como un muro»

por

«Tengo una gran oportunidad de abrir una puerta con mi hijo»

 

O directamente…

cambia la imagen mental.

Si ves la relación con tu hijo como un muro, ¡derríbalo! y planta flores de hermosos colores.

Estos pequeños actos a nivel mental producen un gran efecto en nuestro entorno.

Revisa las metáforas que estás usando y modifica aquellas que te lleven a estados que te limitan (con tus hijos o con lo que sea).

 

¡Ahora ya sabes cómo hacerlo!

 

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©Ana Isabel Fraga 2017. Todos los derechos reservados.