Ha llegado su cumple, o quizás el de algún amiguito, una celebración familiar o quizás habéis planeado un día especial en familia y estás super ilusionada con eso, pensando en que os divertiréis, que será un rato estupendo en el que haréis cosas diferentes. Un día chulo.

Pero comienzan los llantos, o los gritos, o las emociones altamente desbocadas. O todo.

Y te preguntas qué diablos pasa que no podéis tener momentos como los que imaginas en tu cabeza casi nunca.

Todo parte de tu idea, de lo que tú esperas y de lo que te gustaría. Y no es en absoluto egoísta, porque lo que quieres es que sea un día genial para todos, que disfrutéis y pasarlo bien. Lo que pasa es que no estás teniendo en cuenta que estás ante un niño o niña altamente sensible. Eso es todo.

La verdad es que a mí me ha costado separar esa idea de familia feliz de mi cabeza con la situación que me ha tocado vivir. Me ha costado mucho. Así que puedo entender que a ti te cueste también. ¡Pero si solo quieres pasar un rato agradable y divertiros juntos!

En mi caso particular, sobre todo con el pequeño cualquier pequeña frustración, algo que no sale como él esperaba es un generador de estrés muy potente.
El equilibrio es muy frágil y acaba en llantos y gritos, a veces en un bucle que dura mucho más tiempo del que cualquiera podría soportar.

¿Qué hacer?

No te lo tomes como algo personal. No está saliendo como tú quieres, no es la idea que tenías, ya lo sé. Pero no es personal, no es por ti, no es contra ti. Es la potencia con la que le afectan las cosas, es la sobredosis de estrés que acumulan y por mucho que cueste creerlo las celebraciones y momentos especiales están cargadas de eso. Demasiado nuevo, quizás no esperado, a lo mejor gente que no conoce o simplemente mucha gente, o emociones intensas en los que le rodean (aunque sean de entusiasmo), o ese perfeccionismo agudo que se siente roto cuando algo no sale como esperaba (y ya sabemos que es fácil que ocurra)

Mantén la calma. Solo eso. Si no te da para más concéntrate únicamente en esto. Seguramente no vas a conseguirlo siempre (fijo que no) porque no es de humanos hacerlo siempre bien, pero empéñate en ello y repítetelo mentalmente: solo mantén la calma, respira.
Tu calma acabará por contagiarle. Eso sí, no confundas calma con ignorar, que no es por ahí. Abrázale si quiere, acaríciale en señal de empatía, consuélale. Es posible que las palabras no ayuden en esos momentos pero el contacto sí suele ayudar.

Rechaza las ideas de tu cabeza que en ese momento está funcionando fatal porque tú también estás a niveles de estrés importantes o sumamente importantes. Esas ideas son por ejemplo:
” ¿Por qué no podemos ser una familia normal?” “¿Es que no vamos a poder salir nunca?” “Algo debo estar haciendo fatal” “No puede ser, otra vez, otra vez” “¿Qué pensarán los demás?”
Y cosas así, tú me entiendes, seguro que sí.
Estas preguntas y pensamientos no te llevan a ningún buen sitio, créeme. Tan solo a una mayor frustración y a alimentar emociones que nos sitúan en una zona de bajos o nulos recursos personales. Obvia lo que tu mente te cuenta en esos momentos, deja lo de pensar y planificar y llegar a conclusiones para cuando estés en modo zen (o al menos con cierto relax). Ahí sí se te ocurrirán cosas interesantes y estarás en una zona de mayores recursos.

No lo veas como que sois una familia rara, aunque no descarto que tu entorno lo piense. No, no lo descarto. Ni que te hagan notar que deberías ser más dura o que eso pasa porque está sumamente consentido/a… En fin, esas cositas que te dicen seguro con toda la buena voluntad para ayudarte pero que no tienen nada que ver con tu realidad y que proceden de quien sencillamente no conoce la intensidad con la que vivís cada día.
En fin, que no sois una familia rara, sois una familia con uno o más hijos altamente sensibles. Y si tu familia es rara, pues ya somos dos.
Sé que no puedo hacer las mismas cosas que otras familias, igual que lo sabes tú. También me resistí, seguramente igual que tú.

Deja de resistirte, es una cuestión de vivir diferente, porque eso es lo que necesitamos.

Para mí simplemente montar en el coche al peque cuando era un bebé y recorrer unos pocos kilómetros era toda una aventura. Odiaba el coche. Sí, ya sé que siempre se dice que los bebés adoran el coche y se quedan fritos nada mas arrancar. Pues no, ya os digo yo que todos no. Mi peque lloraba a todo pulmón. Imaginaos cuando tenía que ir a donde fuese sin remedio y yo la única adulta en un coche de 3 en el que dos eran niños y uno iba llorando a mares.
Si hubiese tenido un medidor de estrés al final de ese trayecto lo habría reventado. Fijo.

Salir a tomar algo, que es un entretenimiento muy español 😉 también solía ser misión complicada, así que poco a poco fuimos optando por hacer salidas cortas, en sitios donde no hubiese demasiados niños ni demasiado de nada y a ser posible nosotros solos (me refiero a nosotros 4 solos), porque no se sabía cuando la cosa iba a explotar y lo mejor entonces sería irnos.

Y yo también caía, y a veces todavía caigo, en esos pensamientos que dejan tus recursos ko. Porque es difícil.

Pero tú eres el adulto así que te toca manejar la situación.

Eso sí, las cosas suelen ir mejorando. A lo mejor más despacio de lo que te gustaría, pero quédate con la idea de que no siempre serán tan intensas. Aunque, eso sí, la sensibilidad alta siempre estará ahí.

 

Enséñale

  • a tomarse sus tiempos de descanso para aligerar el estrés

  • cómo funcionan sus emociones

  • el mecanismo del estrés y por qué él/ella llega a puntos álgidos antes que otras personas

  • que no es algo malo, es solo una condición, una forma de sentir y estar en el mundo

  • a amarse

  • a no sentirse culpable si no a centrarse en solucionar, mejorar, buscar alternativas…

  • a manejar los estallidos y a ponerle límites con respecto a lo que puede o no hacer 

  • cómo funciona el cerebro en los momentos de estrés y/o emociones intensas

  • poco a poco a enfrentar situaciones

  • que no siempre todo sale como esperábamos

Y no tengas prisa, porque esto se cuece a fuego lento.

 

No te sientas rara, desecha esto y enfoca esa energía que malgastarías en darle vueltas hacia el objetivo de disfrutar de actividades más tranquilas, de aprender a serenarse y cultivar tu paciencia y tu propia gestión emocional.

Por si te sirve yo soy igual de rara que vosotros 😉

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