A todos nos afectan los cambios, de una u otra forma, en mayor o menor medida, pero es cierto que a algunas personas los cambios les descolocan, les estresan sobre manera y se resisten categóricamente a ellos.

Hoy vamos a hablar de estas personas, concretamente de estos niños y niñas, y de estrategias para ayudarles.

Y es que los cambios en la vida son inevitables y en realidad podríamos decir que lo único que nunca cambia es que todo cambia.

Solo piensa en tu vida, desde que eras un bebé hasta el día de hoy. Todo ha cambiado de forma increíble. Pero claro, hablamos de un período muy largo. Ahora solo mira el último año, ¿cuántas cosas han cambiado?

Y si has sido mamá o papá hace nada todo esto se hace mucho más evidente, porque los bebés cambian a la velocidad casi casi de la luz ;), y en unos cuantos meses pasa de ser totalmente dependiente a caminar solo por ejemplo.

Los cambios están ahí, los queramos o no, nos gusten o no, nos resistamos o no. Son inevitables.

Bien es cierto que algunos podemos retenerlos y hasta esquivarlos, pero acaban llegando. Así que es buena cosa entrenar a los niños para que asuman estos cambios de la mejor forma posible. También para que nosotros entendamos que cada quien es distinto.

Cuando mi hijo pequeño era un bebé (y dado que una de las bases que sostengo en la educación es la observación), me di cuenta de que  cada vez que había un cambio le costaba alrededor de 3 semanas de agitación nocturna (sin contar la irritabilidad diurna). Luego todo iba calmándose. Y no os hablo de cambios drásticos o tremendos, sino de los cambios por los que todos pasamos. Entonces me di cuenta de que debía tener especial cuidado con esto.

Ideas para ayudar a los niños con los cambios:

  • Observa hasta qué punto le afectan los cambios. ¿Todo tipo de cambios? ¿Algunos más que otros? ¿Qué le ayudaría? Porque solemos irnos a lo evidente, como que empiece al cole, o que cambiemos de casa, o que nazca un hermanito/a… Pero hay otros cambios que pueden pasarnos desapercibidos o que no consideremos como posibles causas para que les afecten, como por ejemplo sus cambios internos (aprender a gatear, o a andar, adquirir nuevas habilidades, ser más consciente del entorno…), cambios en el orden de sus cosas (cambiar un cuadro de sitio, poner una colcha nueva sustituyendo a la que ha estado toda su vida ahí, perder su peluche favorito, pintar de otro color las paredes…), ir a sitios nuevos, gente nueva, nuevos sabores, nuevas texturas, nuevas experiencias…

  • Trata de ponerte en su lugar y facilitarle los cambios con entrenamiento, guiándole y escuchando, pero no le rescates de todo cambio, no se los evites. Dale mejor herramientas, ideas, y apoyo para que los pueda ir asumiendo. Y en función de su edad ir dejando que experimente. Es una forma estupenda de que vaya generando la creencia de que es capaz.

  • Cuenta siempre antes de hacer algo qué vais a hacer, cómo y con quién. Por qué, lo que ocurrirá… Anticípaselo. De esta forma el niño se sentirá mucho más seguro.

  • Dale tiempo si es posible para que vaya aceptando los cambios que vendrán. No se lo digas un día y lo hagas al siguiente. Ve diciéndoselo, contándole las ventajas del cambio, dejando que exprese lo que sienta (que puede ser enfado, o tristeza, o lo que sea…) y mostrándote segura, tranquila y acompañándole en lo que siente. No siempre será posible darle este tiempo porque a veces este proceso no depende de nosotros, pero si lo hazlo.

  • Si se trata de cambios en las rutinas de niños pequeños por ejemplo lo mejor es hacerlas poco a poco, introducirlas de una en una. Es decir, que si va a empezar a la escuela infantil por ejemplo trata de que ese sea el único cambio, no lo mezcles con otras cosas (a ser posible). De uno en uno y paso a paso, así le costará menos asimilarlo.

  • Siempre que tengas la oportunidad negocia los cambios, deja que participe.

  • No todo es negociable, y algunos cambios tendrán que hacerse sí o sí. Deja claro qué es y qué no es negociable, pero invita al niño a participar de ello. Es decir, si por ejemplo es necesario cambiar un mueble en su habitación porque se le ha quedado pequeño, no sirve, etc. debes dejar claro que retirarlo no es negociable, pero con mucho cariño y amabilidad, poniéndote en su lugar por el apego que le tiene y lo que le cuesta deshacerse de ello. Invítale a buscar ideas creativas a lo mejor para reutilizarlo en otro espacio, o pídele que te ayude a buscar el nuevo mueble, o pregúntale qué le gustaría (procura usar dos opciones válidas si es un niño pequeño).

  • Pon el ojo también en ti. ¿Te afectan los cambios? ¿En qué medida? ¿Tratas de evitarlos o los asumes? ¿Cómo lo haces? Porque todo esto es siempre un espejo en el que tu hijo o hija se miran para emular comportamientos (y de paso es una oportunidad de la leche para trabajar en ti y sentirte mejor, lo que también repercutirá positivamente en todo tu entorno)

  • Piensa también en cómo te afectan los cambios de tu hijo. ¿Cómo te sientes al ver su evolución, que va dejando de ser un bebé dependiente para ir volviéndose más independiente? Ellos cambian y sus cambios también nos influyen emocionalmente. Revisa este punto. ¿Te estás resistiendo o vas fluyendo? ¿En qué formas cambias junto a sus cambios?

  • Ten paciencia. Sí, esa, la madre de la ciencia 😉 porque hace falta y mucha para este vaivén de cambios rápidos.

Y sobre todo…

disfruta del camino, porque la vida según la veo yo (la crianza, la educación, la maternidad y en realidad absolutamente todo) no tiene una meta final. Es un camino en el que vamos alcanzando objetivos, pero sobre todo es un camino. Camina sintiéndote bien contigo misma y confiada en que estás haciendo lo que te toca.

 

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«Multiplica tu paciencia sin caer en la permisividad»

 

©Ana Isabel Fraga 2018. Todos los derechos reservados.