Los niños y las niñas son eso: niños y niñas. No son adultos en miniatura, y con todo lo que hoy sabemos ya de la evolución del cerebro gracias a las Neurociencias es importante que cambiemos ciertas cosas.

Durante la infancia nuestro cerebro está en «obras», pues no está completamente formado cuando nacemos, y somos pequeños humanos eminentemente emocionales, y los recursos para manejar todo esto que sentimos, para planificar o crear estrategias, para controlar los impulsos y el cuerpo están también en «obras». Son escasos. Y cuanto más pequeño es el niño más escasos son.

Poco a poco, con el paso del tiempo se irá pudiendo acceder a ello, pero también hay que acompañarlo de conocimiento y práctica (de otra forma todos los adultos tendríamos una gestión emocional maravillosa, y me temo que no es el caso) Y es aquí donde tenemos que actuar. Ofreciendo ese conocimiento sobre uno mismo, sobre lo que siente y qué se puede hacer con eso de forma saludable e inteligente.

Ofrece una guía emocional saludable e inteligente que le permita manejar lo que siente y aprovecharlo a su favor.

Para entender mejor cómo se siente un niño o niña ante su mundo emocional imagina que alguien te quita tu móvil y comienza a usarlo delante de ti sin permiso. Tú, evidentemente, te enfadarás mucho. Ahora imagina que también desaparece tu capacidad para gestionar lo que estás sintiendo, planificar una estrategia, controlar tus impulsos ni tu cuerpo. ¿Qué crees que harías?

 

Entonces, tenemos que darnos cuenta de que las antiguas formas de manejar malos comportamientos no son válidas, comenzando porque la mayor parte de esos casos ni siquiera son en realidad malos comportamientos, si no dificultad para manejar las emociones intensas y falta de habilidades para lograrlo.

Nos queda entonces cambiar la visión obsoleta y renovarla.

 

No pierdas la esperanza, no dejes de intentarlo. Enseña inteligencia emocional, y comienza por aprenderla tú para ti.

 

© Ana Isabel Fraga 2019. Todos los derechos reservados.