Hace muy poquito, en mi familia, perdimos a Kora, nuestra perra. Tan solo hacía 4 años que estaba con nosotros aunque ella tenía 8 ya (la adoptamos de adulta) y que ya no esté nos causa a todos una gran tristeza.

Esto es algo que va a pasar en todas las familias que tengan un animal, porque ellos viven menos que nosotros y es inevitable. Por eso me ha parecido que podría compartir cómo hemos “capeado” este temporal (y seguimos capeando). Quizás algunas de las ideas que yo he puesto en marcha puedan ayudaros.

Y es que ante la muerte de un animal que forma parte de la familia hay dolor y tristeza, pero también hay pensamientos que es importante enseñar a manejar a los niños para que no generen creencias sobre sí mismos o sobre lo que significa tener un animal, o sobre lo que es la tristeza, etc. que puedan bloquearles o perjudicarles de algún modo más adelante.

 

Te comparto los puntos que me parecen importantes:

  • No ocultes lo que está pasando a los niños

Si el animal está enfermo cuéntaselo para que también puedan cuidarlo, para que sepan qué ocurre. Porque los niños son esponjas emocionales que captan que algo ocurre, y si no tienen datos para ratificarlo y les dices que todo está bien es muy posible que comiencen a desconfiar de su instinto y capacidad para “leer” esas emociones. Explícales. No es necesario entrar en detalles incomprensibles o escabrosos, pero sí saber lo que ocurre.

  • Contesta a todas (¡a todas!) sus preguntas

Sé que no es el mejor momento para nosotros, cuando uno también está triste, pasándolo mal y quizás teniendo que tomar decisiones dolorosas, para contestar un aluvión de preguntas, pero es muy importante que no se queden con dudas. Si en un momento dado no puedes contestarlas proponle al niño un momento posterior para hablar. Y cúmplelo, porque necesita saber, comprender y probablemente aliviar sus inquietudes.

¿Qué pasó? ¿Se va a reencarnar? ¿A dónde irá? ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Tendremos otro perrín? ¿Por qué tiene que morirse?

Por su cabeza pasarán muchas como estas u otras. No importa. Contéstalo todo.

  • Pregúntales si tienen alguna pregunta

Y no solo respondas, si no que pregúntales si tienen más preguntas. A veces nos quedamos con algo en la mente dando vueltas que acaba por generar creencias. Sé concreto.

¿Te preocupa algo? ¿Cómo te sientes? ¿Tienes alguna pregunta? ¿Quieres saber más sobre la muerte? ¿Estás asustado? ¿Qué piensas de todo esto?

Mi hijo mayor lloró mucho cuando supo que Kora estaba muy enferma y cuando murió no pudo soltar una lágrima. Yo le veía inquieto y buscaba mi contacto. Algo le preocupaba, no era solo tristeza, y sabía que probablemente algún pensamiento se había instalado en su cabeza, alguna inquietud para la que no encontraba respuesta.

Le pregunté y me dijo que no sabía por qué no lloraba. Se sentía mal por ello. Entonces le hablé de que cada quien muestra la tristeza de una forma distinta, pero no parecía que eso le ayudase y buscamos un poquito más adentro. Te lo comparto en el siguiente punto.

  • Enseña a tus hijos que emociones muy distintas, incluso opuestas, pueden convivir en su interior.

Comencé por compartirle que yo me sentía muy triste cuando supe que la perrina estaba tan enferma y que ahora que había muerto sentía por un lado una gran tristeza también porque no volvería a verla y la echaría mucho de menos, y por otro lado sentía alivio porque ya no la veía sufrir y apagarse.

Entonces vi que había tocado justo el “botón” adecuado y me dijo: “¡Mamá, es justo lo que yo estoy sintiendo!”

Eso me dio la oportunidad de aclararle que ambas emociones pueden convivir perfectamente, que no está mal, que es normal, que eso no le hace peor persona ni ninguna otra cosa. Que es humano y natural.

Desde ese momento sintió alivio y creo que se llevó una lección importante para su vida. Porque volverá a sentir esa contradicción de emociones en su interior probablemente unas cuantas veces en su vida y ahora sabrá que no pasa nada, que está bien.

  • Permite que muestren sus sentimientos y anímales a ello. Puede ser hablando, llorando, abrazando…

No me parece conveniente tratar de sacar al niño (ni a nadie) de una emoción porque le estamos enviando un mensaje equivocado. Me parece mucho mejor ayudarles a entender que uno debe permitirse sentir, aprender el mensaje que trae la emoción para poder gestionarla y que no te domine, sino que te haga crecer y fortalecerte. Así que permite que sientan su tristeza y ofrécele herramientas para ello. Yo usé las tarjetas de Dopi con mi hijo pequeño, y leyó todas las de la tristeza. Eso le ayudó a ver que es normal sentirse así, que puede pedir ayuda buscando alguien a quien quiera para que le abrace, para hablar de cómo se siente, llorar y cuidar de sí mismo.

  • Cuando sea el momento (lo notarás), comparte con ellos el recuerdo de momentos felices con vuestro animalín. 

Y cuando ya la tristeza remita un poco quizás podáis compartir con una sonrisa (o quizás aún media sonrisa) cómo le gustaba que le rascasen dentro de la oreja y los ruidos tan divertidos que hacía, aquel día que se escapó en medio de un diluvio a perseguir un gato y nos pusimos pingando todos, o cuando nos reímos tanto porque un perrillo pequeño que habíamos recogido cogió la correa de Kora con la boca y la estuvo paseando.

  • Apoya y mantente presente

Hazles saber que estás ahí, que si están tristes pueden venir a por una abrazo y un beso, a por compañía, a cogerte la mano o a charlar. Pregúntales de vez en cuando cómo están y ve a buscar tú también sus abrazos, sus besos y su compañía.

  • No ocultes tu tristeza

Diles que estás triste y si en algún momento te ven llorando diles lo que sientes y exprésales que llorar es una forma natural de liberar la tristeza, que no es malo si no todo lo contrario y que llorar nos ayuda a estar mejor después. No les sueltes cosas como que estás muy bien y que se te ha metido algo en el ojo. Porque de nuevo eso les hará desconfiar de su instinto y desalinear lo que perciben con lo que ocurre.

  • Háblales de la tristeza y de los tesoros que encierra

Para que aprendan a gestionarla poco a poco, y sé ejemplo de esa gestión. Puedes leer más sobre la tristeza y sus tesoros AQUÍ

  • Respeta su espacio y su forma de sentir

Como decía más arriba no todos expresamos lo que sentimos de igual modo, y quizás necesita tiempo consigo mismo, o muchos abrazos, o ambas cosas en según que momento, o lo que sea. Aprovecha, si puedes, para entender mejor la forma de sentir de tus hijos (y la tuya propia)

  • Aníma a tus hijos a buscar una forma de despedirse

Esto les ayudará a de alguna forma cerrar el ciclo (no sé si es la forma más correcta de decirlo pero creo que se entiende) y a dar valor e importancia a lo que están sintiendo por su pérdida. Anímales a que hagan un dibujo, a que le escriban una carta… Haz alguna ceremonia de despedida usando tu creatividad y lo que creas que puede funcionar mejor. Planta un arbolito en su memoria si tienes un pedacito de tierra. Busca tu forma, vuestra forma.

  • Evita decir aquello de “ni un animal más, que luego mira como sufre uno cuando se van”

Esto lo digo porque es muy común. Tanto así que cuando mi Kora estaba muy enfermita y yo estaba tan triste alguien me dijo que mejor no tener animales, que luego les coges cariño y mira. Si os digo la verdad ese comentario me enfadó mucho. No podemos permitir que el miedo a sufrir nos impida vivir, nos impida amar, nos impida disfrutar de todo lo que ese cariño nos da y les da también a los animales.

Decidas o no volver a tener un animal no envíes ese mensaje a los niños, porque es un mensaje de miedo a vivir, de miedo a sentir.

 

Acoger y permitir lo que sentimos nos convierte en personas más fuertes y sanas. En guerreros y no en víctimas.

Tener a Kora nos ha enseñado mucho y desde aquí y desde mi corazón y el de toda mi familia le damos las gracias por haber formado parte de ella, por habernos cuidado, por habernos amado y por habernos enseñado tanto.

Gracias Korina, allí donde estés.

© Ana Isabel Fraga 2018. Todos los derechos reservados.

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